
El laberinto que tenía mucos caminos para seguir,
Cada quien por su rumbo queriendo ser feliz,
Distrayéndose de la vida, curioseando…
Nada serio, Solo pasábamos ambos por ahí,
Y de pronto tus letras que aparecieron de la nada y no entendí,
Hasta que uno dos y tres mensajes me decían, que existías,
Y me hiciste querer saber de ti,
Un enigma, un ángel, una trampa, la maldad o la belleza,
Solo se que cedí, solo a tus letras entre muchas otras,
Y no era yo quien respondía, era la duda, la curiosidad,
El destino o la misma vida que tenía un camino en común…
Donde te descubrí, en una voz hermosa,
Que termino por llevarme a ti,
En aquel palacio, donde la magia era que entre tanta gente nos reconoceríamos tú y yo,
Y saliste, me diste la mano,
Quisiera pensar que ese fue el inicio, mas la historia desde antes alguien la escribió,
Tus letras, tu voz, tu presencia,
Quien las puertas del cielo abrió,
Fueron las sonrisas, las verdades,
Que en una ciudad inmensa,
Un instante nos permitió,
Descubrí después en tu piel otro paisaje,
Descubrí en tu piel entonces una nueve forma de percibir el amor,
Entre aceite, mis manos he inmensidad de bendiciones,
El amor me desnudo,
Mas ese mismo amor y las ansias, se quedaron,
Aquí conmigo cuando tu adiós, me partió,
UN adiós jamás escuchado,
Un adiós tal vez esperado,
Un adiós que mi ser no entendió,
Mas sigue la ciudad, el aceite, las noticias,
Los problemas, las sonrisas, los recuerdos…
Y a lo lejos una niña
Que mira el universo con los ojos llenos de amor,
Mas viajemos en e l tiempo,
Que no hay vida que se acabe, solo una historia que termino.
Aun queda ese cielo que tu piel me mostró.






